El que no llora, no mama: Cómo superar el miedo y encontrar las oportunidades que deseas

Querido amigo,

Bienvenido a un nuevo episodio de Hay Más, un espacio dedicado a explorar la salud mental y el bienestar desde la perspectiva de alguien que lucha contra este tipo de desafíos, un espacio en el que buscamos recordar que hay más que el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. Hay más que este momento. Hay una vida plena que te espera.

Yo no soy mucho de refranes, pero hoy te quiero hablar del único que sí apoyo al 100%, aunque no me encante cómo suena. Quizás ya lo has escuchado, y va así: el que no llora, no mama.

Para mí, esta es una de las cosas más ciertas en la vida. Y para poder contarte por qué, te voy a contar sobre dos cosas en particular que creo que he podido hacer bien en mi vida, no para jactarme, sino para que juntos podamos aprender de ellas.

Allá por el 2019, yo justamente me encontraba en una encrucijada en mi camino hacia buscar una vida más plena. Yo quería poder dedicar todo el tiempo posible a aprender a programar apps para Android. Y pensé: “ay, quisiera poder tener un trabajo que fuera remoto, donde tuviera la menor cantidad de presión posible, y que me dejara pagarme mis gastos personales.”

Esto sonaba como algo de un cuento en ese momento para mí, como fantasía. Nunca había conocido a nadie en mi país que tuviera un trabajo así. Y solo había escuchado de pocas personas que tuvieran un trabajo remoto y era en otros países como en Estados Unidos. Así que la idea cruzó mi mente de forma lenta y como arrastrando los pies en señal de derrota, como un suspiro largo y pesado. Para mí era algo que jamás iba a pasar. Simplemente tenía que hacerme la idea de que iba a seguir costándome mucho el poder seguir aprendiendo Android. Yo pensaba que era un hecho, una realidad que tenía que aceptar.

Se dio la casualidad de que justo en ese tiempo, yo estaba buscando cambiar mi laptop. Andaba investigando en línea diferentes opciones con sus especificaciones y precios, y viendo reseñas o reviews ya sea en YouTube o en algún sitio web.

De repente me topé con un sitio web con un nombre que me sonó familiar. El sitio estaba en inglés y justo tenía una reseña sobre uno de los modelos de computadora que estaba viendo como opción. Me acordé en ese momento de que las reviews de ellos eran súper profundas y completas. Abrí la página y empecé a leer la review, la cual estaba muy bien hecha, tal como esperaba.

Como a la mitad del artículo, me apareció un pequeño anuncio al lado derecho de la página. Decía algo así como: “Si te gusta la tecnología y sabes escribir, únete a nuestro equipo. Se busca traductor de alemán a inglés.” Y había un enlace para ver más detalles.

Cuando leí esto, me congelé brevemente. Tenía por lo menos 5 años de no usar mi alemán para nada. Definitivamente no estaba al buen nivel con el que tuve la oportunidad de salir del colegio. Me metí a ver los detalles al link y no había mucha información sino un formulario para enviar un mensaje si uno estaba interesado.

Y aquí me topé con la primera duda: ¿cómo iba a aplicar para este puesto estando mi alemán tan oxidado? Lo mejor quizás era simplemente dejarlo ir y esperar a algo que estuviera más acorde a mi situación.

Pero sentí algo que me empujó y me puse en contacto con la empresa para decir que estaba interesada en el puesto de traductora de alemán a inglés.

Después de un par de días de no saber nada, todavía los volví a contactar otra vez con el mismo formulario. Y justo después de eso se me ocurrió revisar el buzón de spam de mi correo. Y cabal ahí había una respuesta de alguien de la empresa. Y contesté de un solo a esa respuesta inicial, explicando lo que había pasado y diciendo que era la misma persona que acababa de contactarlos. Estaba algo avergonzada, pero gracias a Dios la persona de la empresa no le dio mayor importancia, y pronto me contestó con las indicaciones para poder aplicar.

Resultó que esta empresa se dedicaba a hacer reviews de productos como teléfonos celulares o laptops, y luego las publicaban en línea en múlitples idiomas. El inglés y el alemán eran sus dos idiomas principales, los dos de los cuales surgían las reviews originales. A partir de ahí se traducían a los demás idiomas. Y justo por eso estaban necesitando a más personas que tradujeran desde el alemán al inglés.

Entonces, para poder ser evaluada para este puesto de traductora, tenía que hacer una muestra de una traducción. Básicamente, tenía que elegir cierta cantidad de palabras de una review que ya existiera en alemán y traducir esa porción al inglés. Después le tenía que enviar a esta persona la traducción.

Cuando me puse a ver las opciones de reviews en alemán para traducir al inglés, me di cuenta de que además de estar en alemán, tenían mucho vocabulario técnico que de todas formas nunca había aprendido en la escuela. Y otra vez vino esa sensación de duda, más fuerte aún. Yo estaba segura de que mi alemán en ese momento no era suficiente para poder hacer una traducción al inglés de la forma en que se espera de alguien con el puesto de “traductor”, es decir de una forma bastante natural, fluida y rápida.

Ese era mi momento para detenerme y salirme de una situación en donde había mucho espacio para que yo fuera rechazada y para que fracasara, ya sea inmediatamente al no pasar ni la prueba inicial, o en el corto plazo, cuando pudieran ver más muestras de mis traducciones.
Pero otra vez algo adentro de mí me empujo a seguir caminando en esa misma dirección. Como que mi mente me dijo “Stephanie, cerrá los ojos, no pensés en nada más, y sólo hacé lo que podás”.

Y me puse a hacerlo. Me tardé mucho más de lo que un verdadero traductor se habría tardado. Usé el diccionario online casi que para cada oración. Al final todavía le pregunté sobre un par de palabras algunas personas que tenían varios años de vivir en Alemania. Y la verdad es que había cosas que ellos tampoco habían oído nunca por ser así más técnicas.

Total, amigo, no tuve el lujo de sentir que lo que hice estaba así perfecto. Pero igual, ya lo había terminado, y esa misma fuerza interna me empujó a enviarlo a pesar de la incertidumbre.

¿Y qué pasó después?, te preguntarás. A los dos días más o menos, esta persona de la empresa me contactó diciéndome que había hecho bien la traducción y detallándome las condiciones del puesto para ofrecérmelo y saber si yo lo quería tomar.

¡Y acepté! Y no te imaginas cuánto, pero este trabajo fue exactamente lo que yo había dicho en mi mente que quería en ese momento de mi vida.

El formato de trabajo estaba muy bien definido. Todo era remoto. Había suficientes traductores como para que no hubiera ninguna cuota mínima de traducciones que cumplir. El tiempo para hacer una traducción era más que suficiente, aún para alguien lenta en ese momento, como yo. No había ningún horario de trabajo. Simplemente tenías que ser responsable de terminar tu trabajo en el tiempo indicado. No teníamos un jefe realmente. Había una figura similar, pero realmente no teníamos a nadie encima de nosotros revisando cada cosa que hacíamos o pidiéndonos cosas.

Poco a poco y con la práctica, mi vocabulario en alemán y en inglés fue creciendo, tanto en palabras de uso cotidiano como en las técnicas. Y eventualmente llegué a poder trabajar mucho más rápido que al inicio y a sentirme como una traductora más profesional.

Ese trabajo me ofreció todas las condiciones que yo anhelaba en ese momento. Me ofreció algo que yo pensaba que ni siquiera existía. Literalmente las condiciones fueron un sueño hecho realidad. Y jamás lo hubiera obtenido si yo no me hubiera atrevido a tocar a esa puerta y a seguir empujando en esa dirección, a pesar de todas las razones que tenía para no hacerlo.

Un par de años después, este refrán se solidificó mucho más en mi vida.

El insomnio ha sido un tema para mí desde que estoy pequeña, y a inicios del 2022, buscando cosas que pudieran ayudarme a dormirme más rápido, me topé con el mundo de las historias para dormir para adultos. Estas son historias cortas que alguien narra de una forma relajante y que normalmente también tienen un contenido que fomenta la relajación de la persona que escucha.

Después de probar diferentes opciones, me quedé con una aplicación que era la que en ese momento me parecía la mejor. En esa época, yo ya estaba escribiendo poemas en inglés otra vez. Entonces, después de haber escuchado varias historias para dormir en esta app, se me ocurrió que quizás escribir ese tipo de historias era algo que yo podría estar haciendo para generar más ingresos.

Entonces, busqué si había un sitio web relacionado a la aplicación. Sí lo había. Ahí dentro, busqué si había alguna sección que hablara sobre trabajar para ellos. Y justo había una sección específica que decía “escribe para nosotros.”

Al ver estas palabras, me emocioné y abrí el link, el cual me dirigió a un formulario un poco largo en donde me hacían algunas preguntas sobre mí. Pero lo más importante es que ahí dentro también te pedían una muestra de una historia para dormir.

Yo sentía que había escuchado suficientes historias como para tener una idea de cómo inventarme una. Me puse a escribir una historia de un cachorrito que nacía en una granja y de cómo iba descubriendo el mundo alrededor de él.

Al terminar y sin saber si realmente había logrado escribir algo que fueran a aprobar, terminé de llenar el formulario y adjunté mi muestra.

Pocos días después recibí un correo de la editora de las historias para dormir de esta empresa. Me dijo que lamentablemente en ese momento ya tenía suficientes escritores, pero que me ofrecía pagarme por la historia que había escrito y tenerme en sus contactos por si se abría un espacio para un nuevo escritor.

Yo me alegré de que mi historia hubiera sido aceptada, pero a la vez me decepcioné de que no tuvieran espacios.

Dos semanas después, para mi sorpresa, esta persona me escribió diciéndome que algunos escritores estaban ausentes por maternidad o vacaciones y que si siempre me interesaba a mí el trabajo, que le encantaría que me uniera al equipo.

Y le dije que sí.

Y otra vez, este trabajo era completamente remoto, sin horarios, sin cuotas mínimas de historias al mes o semana, sin tiempos de entrega, y prácticamente sin jefe. Eran unas condiciones increíbles nuevamente. Eran perfectas para el tipo de persona que yo soy y para el momento que estaba viviendo, con mis condiciones de salud mental que cada vez se iban poniendo más difíciles.

Fui increíblemente afortunada y bendecida de haber podido tener esos dos trabajos, que, por cierto, además de todas las bondades que ya escuchaste, también han sido los trabajos mejores pagados que he tenido. Me permitieron concentrarme en seguir aprendiendo Android hasta poder descubrir si me gustaba o no. Me permitieron empezar a trabajar en mi salud mental y muchísimas cosas más.

Estas experiencias y muchas otras en mi vida me han demostrado lo increíblemente cierto que es el refrán de “el que no llora, no mama.”

A veces podemos tener una idea en nuestra mente de una oportunidad que estamos buscando, ya sea en lo profesional o en cualquier otro ámbito. Incluso podemos haberlo pensado muy bien al punto en el que estamos seguros de que eso es lo que queremos y lo que va a ser mejor para nosotros.

Amigo, si esta es tu situación, ¡no esperes a que esa oportunidad llegue tocando a tu puerta!
Yo tuve la suerte la primera vez con mi trabajo como traductora de que la oportunidad sí se apareciera frente a mí, pero eso rara vez es el caso.

Si tú quieres algo, tienes que moverte e ir a buscarlo. Levántate de donde estás, piensa en qué cosas puedes hacer para ir en búsqueda de eso que quieres, y luego, ve y hazlas.
Y cuando en tu camino tengas enfrente situaciones que estén fuera de tu zona de confort, situaciones que te hagan dudar de si deberías de seguir empujando en esa dirección, ¡sigue moviéndote hacia adelante!

¡Haz tu mejor esfuerzo con lo que tengas y date una oportunidad!

Son muchísimas más las historias en las que me he atrevido a tocar puertas que estaban aparentemente fuera de mi alcance y en las que el resultado ha sido un rechazo o un fracaso. Pero si yo nunca me hubiera atrevido a lanzarme en esas direcciones, a tocar esas puertas, nunca habría podido conseguir las oportunidades increíbles que he tenido en mi vida.

En mi experiencia, amigo, cada uno de nosotros somos los responsables de ir en búsqueda del tipo de vida que hemos concluido que queremos. Y si no lloramos y hacemos ruido para que nos oigan y nos noten, si no vamos y tocamos todas las puertas que podamos, ¿quién nos va a poder escuchar para poder alimentarnos con eso que estamos buscando con tanto anhelo?

Llegamos al fin de este episodio y quiero pedirte que, si te gustó o ayudó, que dejes un comentario, que sigas al podcast y que dejes una reseña; también que lo compartas a quienes creas que le puede gustar o ayudar. Te lo voy a agradecer mucho ya que con esto contribuyes a la calidad del contenido del podcast y a que más personas puedan descubrirlo.

¡Gracias por estar aquí! Nos vemos en el próximo episodio. ¡Y ánimo! ¡Porque siempre hay más!

El que no llora, no mama: Cómo superar el miedo y encontrar las oportunidades que deseas
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