Bullying en el Trabajo: La Historia de Camila y el Camino hacia Entornos Laborales Saludables
Querido amigo,
¿Alguna vez te has sentido mal en el trabajo y has creído que estás exagerando?
Bienvenido a un nuevo episodio de Hay Más, un espacio dedicado a explorar la salud mental y el bienestar desde la perspectiva de alguien que lucha contra este tipo de desafíos, un espacio en el que buscamos recordar que hay más que el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. Hay más que este momento. Hay una vida plena que te espera.
Antes de platicarte del tema de este podcast, quiero mencionarte dos puntitos.
1. No sé si te habrás dado cuenta, pero yo te he estado hablando en un español neutro a pesar de que como salvadoreña si tengo mi acento lo hice para que tú te sintieras cómodo, pero ahora que ya nos conocemos un poco más estaré hablando con mi acento normal y espero que esto pueda ayudar a que te hable sintiéndome más cómoda y menos inhibida
2. Segundo yo no lo sabía pero mantener un podcast requiere de mucho trabajo desde investigar escribir grabar editar crear contenido gestionarlo etcétera y como sabrás yo soy una persona que sigue pasando por procesos de depresión de obsesiones y ansiedad así que para mí requiere de un esfuerzo incluso mayor si tú crees en el proyecto así como creo yo en él y me quieres ayudar a seguir llegando a más personas y seguir creando contenido te agradecería que nos apoyes con una donación en la descripción del episodio encontrarás los enlaces para poder hacerlo y es súper fácil desde ya te doy las gracias por ayudarme en este sueño
Ahora sí, amigo, entremos en materia con este episodio.
Los primeros meses del año son una época en la que es común que las personas renuncien a un empleo y se muevan a una nueva empresa. Y en ese lapso pueden pasar un montón de cosas. Algunas empresas manejan muy bien este tema de las renuncias, aún cuando es un empleado muy valioso para ellos. En otras, lamentablemente, el empleado puede llegar a pasarla muy mal.
Justo en este tiempo se me vino a la mente la historia de alguien que conozco. A esta persona le vamos a llamar “Camila”. Camila había estado trabajando en una empresa por menos de un año. Todo este tiempo ella había estado padeciendo de depresión y ansiedad, pero nadie de sus compañeros o jefes lo sabía.
El tipo de trabajo que Camila tenía que hacer en esta empresa resultó ser algo muy pesado para ella. Era sumamente desgastante. Y encontrar un trabajo con condiciones que se ajustaran mejor a su situación se volvió una prioridad para ella.
En cuanto surgió una buena oportunidad, Camila se lanzó al proceso de aplicación para este nuevo puesto en una nueva empresa. Después de unas semanas recibió la buena noticia de que había sido aceptada para el puesto. Una vez hecha la contratación, Camila sintió un gran alivio, pero a la vez una gran desesperación por finalmente poder dejar de ir a su actual trabajo.
Su ansiedad aumentó a tal grado que ella sentía que ya no soportaba estar ahí. Bajo esa situación tan complicada, Camila decidió poner su renuncia con 5 días calendario de anticipación, aunque ella de verdad tenía una ansiedad enorme y se sentía tan mal que quería renunciar e irse el mismo día.
Pero En El Salvador se considera una buena práctica el anunciar una renuncia con 15 días de anticipación. Ella sabía esto, pero no sentía que podía manejarlo. Con mucho esfuerzo logró ofrecer esos 5 días de anticipación.
Ella sabía que esto no era lo ideal, pero nunca se esperó la forma en que su renuncia fue recibida…
Después de presentar su carta de renuncia a su jefe directa, fue convocada a una reunión con la directora del departamento, o sea la jefa de su jefa. Esta reunión fue en una sala en privado. Su jefa estuvo en calidad de testigo o acompañante, no sé exactamente qué pasaba por su mente, pero no habló.
La persona que dirigió toda esa reunión fue la directora del departamento. Primero, le reprochó el hecho de que no estuviera renunciando con 15 días de anticipación. Le dijo que si uno quería ser un buen profesional que se tenía que hacer con ese tiempo una renuncia. Le dijo que no sabía si este era su primer trabajo y que no sabía cuántos años tenía, pero que eso era poco profesional. La directora procedió a decirle de forma molesta a Camila que viera la posición en la que la dejaba a ella, que había mucho trabajo y qué cómo iban a lograr avanzar al ritmo esperado con una persona menos. Además, la directora le dijo a Camila que qué iban a decir sus compañeros al ver que se quedaban con más trabajo de lo normal, que pensara en ellos.
En alguna parte de la conversación después de estos comentarios, la directora también le recordó a Camila que ella podía catalogarla como una persona que no podía ser contratada en el futuro en esa empresa. También le recordó de que ella tenía el poder de despedirla en los días que le quedaban, por lo que ella tenía que seguir haciendo bien su trabajo.
Las horas y días que siguieron después de esta conversación Camila la pasó muy mal. Tuvo una crisis de depresión y sentía que era casi imposible levantarse y poder ir a su trabajo por esos días que le quedaban.
Camila me contó todo esto llorando. En su voz que se quebraba y en sus palabras se notaba claramente que esta experiencia le había causado mucho sufrimiento. Ella misma me decía que la habían hecho sentir menos, como una mala empleada y mala profesional, cuando ella siempre se había esforzado mucho por hacer un buen trabajo y había ido mejorando constantemente en cualquier corrección surgiera. Ella también sintió que la directora había querido manipularla emocionalmente y hacerla sentir culpable, y a pesar de estar consciente de esto, ella no lograba dejar de sentirse triste.
Después de escuchar la historia de Camila, yo me sentí profundamente afectada. Mi experiencia en El Salvador me ha hecho desarrollar un gran interés por la situación de los empleados en general y por que no sean tratados injustamente. Todo esto me llevó a sentir una gran necesidad de investigar.
Yo quise aprender más sobre lo que le había pasado a Camila. Y me imagino que quizás hay una palabrita que ha venido a tu mente mientras has estado escuchando esto: “bullying”.
Exactamente, amigo. Esto es lo que vivió Camila. Una experiencia de bullying en el trabajo, también conocido como acoso laboral o mobbing.
El acoso laboral se refiere a las acciones y comportamientos de violencia injustificada que se ejercen sobre la víctima por parte de sus compañeros, sus superiores o los colaboradores a su cargo. Muchas fuentes hablan de acciones y comportamientos “repetidos” o “continuos”, pero en mi opinión, con una sola vez que la persona haya sufrido de violencia psicológica, física o sexual, ya es válido referirnos a esto como una experiencia de acoso laboral.
En el 2021, la Organización Mundial del Trabajo en conjunto con otras organizaciones realizó un estudio titulado “Experiencias de violencia y acoso en el trabajo: Primera encuesta mundial”. En este se realizaron entrevistas a un grupo de aproximadamente 75,000 personas empleadas mayores de 15 años en 121 países y territorios.
Dentro de los resultados que me parecieron más impactantes están los siguientes:
• el acoso laboral es un fenómeno que se da en todo el mundo. Más de 1 de cada 5 personas en empleo (alrededor de 743 millones, o sea, el 22.8%) ha sufrido al menos una forma de violencia y acoso en el trabajo.
• La violencia y acoso psicológico en el trabajo fue la forma más común de violencia y acoso denunciada tanto por hombres como por mujeres, y casi una de cada cinco personas en empleo (alrededor de 583 millones, o sea, el 17.9%) la han sufrido durante su vida laboral
• Hablar de experiencias personales de violencia y acoso es complicado para las personas que lo sufren. Sólo un poco más de la mitad (el 54.4%) de las víctimas han hablado de su experiencia con alguien, y frecuentemente sólo lo hacen después de haber sufrido más de una forma de violencia y acoso. Es más común que las personas le cuenten a amigos o familiares a que acudan a medios informales o formales.
• Hay múltiples factores que pueden impedir que las personas den a conocer casos de acoso en el trabajo. La "pérdida de tiempo" y el "temor por su reputación" fueron los obstáculos que más se mencionaron para no hablar con nadie de sus experiencias.
Al ver estas estadísticas en términos de simples porcentajes, tal vez todo esto no te suene tan impactante, pero por eso el estudio nos habla de la cantidad de personas. ¡Estamos hablando de millones de personas alrededor de todo el mundo! Son casi 743 millones que han sufrido al menos una forma de acoso laboral, y casi 583 millones de empleados que han sufrido de acoso psicológico. Esto es lo importante. Esto es lo que hay que recordar.
Y me parece muy triste que para estas personas sea tan difícil hablar de sus experiencias, y que incluso siendo las víctimas sean ellos los que terminen teniendo miedo por cómo esto puede afectarlos en su trabajo y su reputación, y que no logren hablar con nadie por estos motivos.
Las consecuencias para las víctimas del acoso laboral pueden ser físicas, psicológicas, sociales y económicas. Desde enfermedades físicas hasta la pérdida de reputación, de amistades, de confianza y relaciones profesionales, las secuelas del acoso laboral se esparcen como una plaga y abarcan todas las áreas de la vida de la víctima, derivando también en la pérdida de ingresos e incluso en el suicidio o en ideaciones suicidas como resultado de la ansiedad, depresión y estrés postraumático, entre otras afectaciones psicológicas.
Creo que el tema del acoso laboral puede pasar súper desapercibido porque a diferencia del bullying en el colegio, es más fácil bajar la guardia porque sabemos que estamos rodeados de adultos y no de niños, lo cual nos puede llevar a tener la idea de que estamos rodeados de personas emocionalmente maduras. Lamentablemente, las estadísticas nos muestran que este no es el caso siempre y que este problema global necesita mayor atención.
Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar?
1. Educarnos. Aprendamos más de las diferentes formas en las que se puede dar el acoso laboral para poder identificarlo.
- Como te comenté antes, puede darse de forma física, sexual o psicológica.
- Además, es importante saber que el acoso laboral puede ser una acción evidente y claramente hostil como cuando alguien le grita o golpea a otra persona, pero que también puede darse de formas sutiles que se pueden esconder a plena vista.
- Algunos ejemplos del acoso laboral son:
avergonzar a alguien delante de su jefe, compañeros, colaboradores a su cargo o clientes
atribuirse el mérito del trabajo de los demás
excluir a propósito de conversaciones, toma de decisiones o eventos relacionados con el trabajo a un empleado a quien le corresponde participar
esconder o cambiar información para lograr objetivos personales
enfrentar a las personas entre sí, creando un ambiente competitivo y divisivo
Y finalmente, las dos cosas de las que Camila fue víctima:
amenazar a los demás
manipular emocionalmente a la persona utilizando la vergüenza o la culpa para hacerla sentir menos, no merecedora, y responsable de aspectos que no le corresponden
Recordemos que la directora de Camila la amenazó con utilizar su poder en el departamento para catalogar a Camila dentro de la empresa de una forma negativa que resultara en que ella nunca pudiera trabajar en esa empresa en el futuro. También la amenazó con la posibilidad de despedirla en los días que quedaban después del día de su renuncia.
El resto del juego de la directora con Camila se dio en forma de una gran manipulación emocional. Está bien dar retroalimentación de forma respetuosa. La directora podría haberle recomendado a Camila que tomara en cuenta para el futuro que se consideraba una buena práctica profesional el renunciar con 15 días de anticipación. Todo lo demás de cuestionar si era su primer trabajo, su edad, y remacharle que eso era poco profesional, fue acoso psicológico en forma de avergonzar, y se vio agravado al hacerlo frente a la jefa de Camila.
El traer a sus compañeros de trabajo a la conversación fue otra forma de manipulación emocional, buscando que Camila se sintiera culpable por la carga de trabajo de su departamento sin ser esto su responsabilidad.
Camila, como cualquier empleado, debe de tener la libertad de dejar su puesto de trabajo sin que se le maltrate psicológicamente.
2. Actuar. Ahora que sabés lo común que es el acoso laboral, que puede darse en múltiples formas, y lo graves que pueden ser sus consecuencias, te invito a que observés tu alrededor en tu entorno de trabajo.
¿Has identificado que alguien te está acosando laboralmente?
Lo mejor que podés hacer es hablarlo con alguien de confianza para comenzar. Después, si te sentís cómodo y como que podés manejarlo psicológicamente, decile directamente al acosador que lo que está haciendo no está bien y que le estás dando la oportunidad de parar ya. Puede ser muy importante que alguien más de la empresa a quien le tengas confianza te acompañe y actúe como testigo.
En el caso de que no te sintás lo suficientemente bien como para hablar tú directamente con la persona que está acosándote, no te sintás avergonzado. Estás viviendo una experiencia difícil y es normal que no te sintás en la capacidad de manejar ese escenario. En ese caso, pedíle ayuda a alguien de confianza del trabajo para que pueda hablar con el acosador por ti.
Si la situación de acoso continúa, averiguá si hay un mecanismo establecido dentro de tu empresa para casos de acoso y seguí las instrucciones y vías de comunicación indicadas por la empresa. Si no hay mecanismos establecidos, hablá con el área de recursos humanos si la hay, sino podés acudir a tu jefe o a su superior en el caso de que este sea el acosador. Recordá que también podés acudir directamente a un profesional en el área legal. Todo va a depender de tu situación específica.
Lo que yo te pido es que recordés que tú valés mucho y que nadie tiene el derecho de tratarte mal, no importa qué puesto tenga en tu empresa o en la industria en que trabajás. No te quedés callado, amigo. Aunque se sienta súper difícil, hacé tu mejor esfuerzo por buscar ayuda y justicia. Levantá tu voz y sabé que al hacer esto estás creando caminos nuevos para otras personas que están sufriendo de acoso en sus trabajos. ¡Tus acciones pueden tener un impacto mucho más allá de ti mismo!
¿Y qué pasa si has identificado que alguien más en tu trabajo está sufriendo de acoso laboral?
De igual forma te invito a que actués. Acercate a la persona y tratá de ser un apoyo, ayudándole a comprender mejor la situación por la que está pasando y a saber cómo puede proceder.
Si el acoso está sucediendo de forma pública frente a otros miembros de la empresa, es importante saber que las reacciones de los espectadores son de mucho peso para la víctima también. Si los espectadores no reaccionan e intervienen, la víctima se lleva la impresión de que a ellos no les importa lo que le pase o de que están de acuerdo con el acosador. Todo esto hace la experiencia del acoso más dolorosa aun para la persona que lo sufre.
Así que, amigo, de verdad te invito a que te acerqués a esa persona que está siendo acosada. Tus acciones como espectador tienen mucho poder. Intentá ser el colaborador de la empresa que tú quisieras tener como apoyo si estuvieras en la situación de la víctima.
¿Y si sos el dueño o director de una empresa?
Como decimos en El Salvador, tenés que ponerte vivo y ponerte las pilas, amigo. Primero, para asegurar que tu organización sea un lugar seguro y placentero para tus colaboradores. Junto con los privilegios de tu puesto va la responsabilidad de velar por el bienestar de tus colaboradores. Segundo, no solo la víctima sufre las consecuencias del acoso en el trabajo. La empresa como tal también sufre consecuencias tales como acciones legales que pueden llegar a ser vergonzosas, daños a la reputación y marca de la empresa, costos por bajas en la productividad, por ausencias y enfermedades, costos por procesos de renuncias y de nuevas contrataciones, y finalmente también el ver una reducción en la cantidad y calidad del talento interesado y disponible para tu empresa.
A ti en especial, amigo, te hago el llamado a asegurarte de que tu empresa cuente con mecanismos claros de prevención del acoso laboral y de gestión en caso de que suceda.
Y recordá que nadie, por más alto que sea su puesto, por más que venda, que produzca, que resuelva, que genere ingresos, nadie tiene derecho a acosar a otra persona.
Bueno, antes de despedirme, me atrevo a resumir todo este episodio en tres llamados a la acción:
1. No te comportés como un idiota hacia alguien más. No tenés ningún derecho y nunca lo vas a tener. Buscá apoyo y acompañamiento para que podás aprender a gestionar tus emociones y conflictos de formas que no dañen a otros. Todos nos equivocamos. Lo importante es lo que hacemos al darnos cuenta de que nos hemos equivocado. Siempre tenés en tus manos la oportunidad de elegir ser una persona diferente y esforzarte por ir cambiando.
2. No dejés que alguien que se está comportando como un idiota se salga con la suya. En tus manos está el poder de generar cambios y de tener un impacto que vaya mucho más allá de la situación específica que te rodea
3. No dejés que las personas que se rehúsan a dejar de comportarse como idiotas sigan laborando para tu empresa. Hacelo por el bien de los demás, y por el bien y la prosperidad de tu misma empresa.
Llegamos al final de este episodio, amigo, y quiero pedirte que, si este contenido te ha parecido valioso, si te ha ayudado a ti o a alguien más, que dejés un comentario, que sigás al podcast, y que dejés una reseña. También ayuda mucho si lo compartís con alguien a quien creás que puede ayudarle.
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